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Labor Day
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Calificacion 6.9
Género:

Drama

País: USA
Duración: 1h 51min
Año: 21 March 2014
Director: Jason Reitman
Reparto:
Kate Winslet, Josh Brolin, Gattlin Griffith, Tobey Maguire, Tom Lipinski, Maika Monroe, Clark Gregg, James Van Der Beek, J.K. Simmons, Brooke Smith, Brighid Fleming, Alexie Gilmore, Lucas Hedges, Micah Fowler, Chandra Thomas
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Una vida en tres días

Labor Day

Una vida en tres días Ambientada en los años ochenta, la película cuenta la historia de Henry Wheeler (Gattlin Griffith, ‘La otra hija’), un chico de 13 años que vive en New Hampshire con su madre Adele (Kate Winslet, ‘El lector’). Ella está divorciada, hecho que le ha provocado una profunda depresión además de agorofobia, por lo que casi siempre está recluida en casa. Henry, además de estar pasando el complicado trance de la adolescencia, tiene que cuidar de su madre.Es jueves, y ese mismo fin de semana se celebra el Día del Trabajo, aunque para Henry no tiene nada de especial. Piensa que va a ser un fin de semana más del verano cuya única distracción será quedarse en casa junto a su madre. Pero algo diferente está por llegar.Ese día, Henry tiene que comprar material para un trabajo del colegio y consigue convencer a su madre para que le acompañe al centro comercial. De manera casual se topan con un individuo desaliñado y aparentemente extraño que está herido. El hombre, que se llama Frank Chambers (Josh Brolin, ‘No es país para viejos’), les pide ayuda, convenciendo a Henry y a Adele para que les de cobijo en su casa durante ese fin de semana. Una vez allí, Frank les cuenta que es un preso que se acaba de escapar de la cárcel. Durante su estancia, Frank va creando un vínculo muy especial con Henry y Adele, haciendo que estos se sientan protegidos sobre todo Adele, quien empieza a recuperarse de su enfermedad.

 

Una vida en tres días Critica

Cuando hablamos de películas-pastiche –ese cine que surge de la combinación de referentes– solemos pensar en directores como Quentin Tarantino o Baz Luhrman: los apólogos del cineasta DJ. Sin embargo, la idea del pastiche está mucho más extendida de lo que podría parecer. Incluso en un drama familiar de corte intimista como Una vida en tres días podemos encontrar esa avalancha referencial que es la principal seña de identidad de la posmodernidad fílmica. En este caso, Jason Reitman (el director de films como Up in the Air o Young Adult) navega con ánimo nostálgico por ese nuevo edén fílmico que es la década de los 80; un paraíso perdido que se han encargado de idealizar, cada una a su manera, películas como El hijo de Rambow, Super 8 o la saga de Los mercenarios. El primero y más elemental de los referentes que maneja Una vida en tres días es la idea de la familia disfuncional que planea por el cine de Steven Spielberg, a quién se cita de forma explícita cuando los protagonistas se sientan a ver por la televisión Encuentros en la tercera fase. Luego, en una apuesta intermitente por un cierto lirismo, encontramos unos montajes entrecortados y un uso marcadamente poético de la voz en off que hace pensar en el cine de Terrence Malick; aunque el referente más directo es seguramente la mirada inocente al horror de la sobrevalorada Cuenta conmigo. Y, por último, conformando el trasfondo formal y tonal que sostiene al conjunto, encontramos ecos de la cara más sensible de Clint Eastwood: por momentos, la trama parece hibridar las historias de Un mundo perfecto y Los puentes de Madison. Visto todo esto, podríamos concluir que Reitman no tiene mal gusto a la hora de elegir sus referentes; sin embargo, el problema es que la ansiedad por citar y homenajear termina derivando en una película que no sabe encontrar su propia personalidad. El resultado de este extravío estilístico queda bien patente en una escena en la que los tres protagonistas de la película –Kate Winslet como una abatida madre coraje, Josh Brolin como un bandido de buen corazón y Gattlin Griffith como el pequeño narrador– viven un momento de comunión mientras cocinan un pastel. Con las manos en la masa, componiendo un elogio a la pastelería sentimental, los personajes reeditan, en versión ‘soft’, la ridícula escena del magreo con el barro de Ghost. Por supuesto, esta escena tiene un impacto directo y milagroso sobre el relato: la amenazante presencia del extraño (Brolin) se transfigurará de forma instantánea en una cálida figura paterna para el chico y en una nueva puerta abierta al amor para la madre. De hecho, casi todos los movimientos anímicos del film se producen de forma abrupta, una circunstancia habitual en las adaptaciones literarias que aspiran a integrar todos los giros argumentales de la novela –Una vida en tres díaslleva al cine la obra Como caído del cielo de Joyce Maynard–.En definitiva, esta dependencia de las formas de la literatura termina llevando la película hacia un territorio en el que se echa en falta algo más de sugerencia. Al adoptar la mirada inocente e impresionable del niño, Reitman intenta plantear un juego de puntos de vista donde la realidad adquiera una cierta carga mítica –como ocurría con mejores resultados en Mud de Jeff Nichols–. Sin embargo, la operación no acaba de llegar a buen puerto debido a la tendencia de Reitman a hacer explícitas, siempre visibles, las motivaciones de los personajes.

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